CATA COCHA O LA GRAN LAGUNA

Recreación de cómo pudo ser el 
Gran Humedal construido por los
Paltas, que sigue el diseño de
la Gran Perdiz (Pisaca) diosa 
de la fertilidad

La reciente excavación realizada en Catacocha para la construcción del nuevo Mercado, trajo dos sorpresas para los constructores: al retirar alrededor de cuatro metros de tierra brotó agua, 7,5 litros en 24 horas. Adicionalmente, parte del suelo no era firme, eran sedimentos de varios rellenos realizados. Una inspección ocular en el sitio me permitió identificar un drenaje profundo que se realizó desde los patios del Convento Dominicano hacia la calle Domingo Celi y observar que la parte rellenada hacia la calle Manuel Celi fue probablemente de unos cinco metros, es decir, el humedal tuvo en el centro alrededor de seis metros de profundidad.  Ello obligó al GAD Municipal parar la obra y realizar estudios de suelo para construir una cimentación adecuada a las condiciones encontradas y construir un pequeño tanque para extraer el agua que está sirviendo para la construcción..

Estos hallazgos, para todos quienes conocíamos de la existencia de la Laguna, no eran una sorpresa, son los últimos vestigios de la “Gran Laguna” edificada por los paltas hacia el año 900 de nuestra era, cuyo nombre fue Cata=Gran y Cocha=Laguna, aunque en realidad, debería traducirse como “Gran Humedal” en un correcto lenguaje técnico. Fue el humedal artificial más grande construido por los paltas, tan importante, simbólicamente solo comparable a Cata Mayo (el Gran Río). Todas las otras traducciones realizadas sobre el significado de la palabra Catacocha, son meras especulaciones sin fundamento.

Los vestigios que se conservaron hasta 1970, la localización de la Perdiz de piedra que representaba a la diosa tutelar Pisaca (Ver Foto) y el estudio de las cochas del Pisaca, nos permiten reconstruir en un dibujo la forma, las dimensiones, el papel y su funcionamiento; así como examinar cómo fue desecada esta magnífica obra ecohidráulica, que de haberla conservado, habría sido un poderoso atractivo turístico y una muestra de la ciencia de los paltas para resolver el problema de la carencia de agua en una zona de alta variabilidad climática.

Hasta 1970, los vestigios de la Gran Laguna aún eran claros: el centro del vaso de la laguna, de alrededor de cinco metros de profundidad era  muy visible en los patios, canchas y jardines del Convento y Escuela de las Madres Dominicas; varias personas que tenían casas en la calle Manuel Vivanco y en la Independencia tenían pozos de agua que se recargaban en las colinas del Calvario, tal como lo hacía la Gran Laguna en el pasado; los bordes de la Laguna por la calle Independencia aún existían (la casa de don Nicanor Morillo, hoy de Victor  Morocho; las casas de Pepe Quevedo y Carlos Valarezo; la casa de Manuel Tacuri y de Marlon Monge , se asentaban sobre un borde de alrededor de un metro de alto sobre el nivel 0.0 de la calle. Con esas referencias y siguiendo el patrón de  diseño de la Perdiz, he dibujado  el probable diseño del Humedal, que en mis estimaciones, pudo contener en su vaso entre 160 y 200 mil metros cúbicos de agua,  sin contar con los millones de agua que se infiltraban.

El agua infiltrada en el Gran Humedal daba origen a varias vertientes que funcionaban hasta 1970: la vertiente “Del Guineo”, la de Las Pailitas”, “la de las Moras”, “la de la Yamira”, y “la de la Pita”, entre las principales. Estas vertientes sirvieron para el consumo humano y para el riego de las parcelas de los catacochas. El patrón de funcionamiento era parecido a la actual Laguna del Pisaca: había una zona de recarga del agua lluvia (las Colinas del Calvario, cuya vegetación natural era bien protegida para favorecer la infiltración); tanto el agua de escorrentía de las lluvias, como aquella que se infiltraba en el Calvario se reunía en la Gran Laguna hasta llenarla; una pequeña zanja de drenaje en una de las esquinas (en el noroeste del actual Mercado) desalojaba el agua sobrante; en tanto, en la Gran Laguna y alrededor de ella habían plantas hidrófilas, que dosificaban la infiltración del agua, la purificaban y no permitían su putrefacción (el crecimiento de algas verdes). En uno de los costados de la Gran Laguna (en la antigua casa de Carlos Valarezo), se encontró una Piedra con Tacines (hoy en poder de Iván Quevedo en Guayaquil) que servía para los rituales de invocación y predicción de las lluvias. Desde ese sitio, en línea recta, se alineaba el Pisaca con el cerro del Calvario, para marcar los equinoccios, en tanto, con el movimiento aparente del sol, en los solsticios, se alineaba con la laguna del Pisaca y con la laguna San Pablo, funcionando de esta manera un calendario anual, cuidadosamente observado por los chamanes-dirigentes étnicos para dirigir las celebraciones, las siembras y demás rituales.

 

Cuando llegaron los españoles, intentaron construir un pueblo de reducción en Garrochamba (en el cerro del Cascajo) junto a la residencia del cacique Acaro, sitio por donde pasaba el camino desde Paita-Cangonamá-Zaruma. Sin embargo, en esa altura había muy poca agua, el terreno era muy empinado, de manera que a finales del siglo XVI, los españoles buscaban afanosamente un nuevo sitio. Para 1605, el nuevo asentamiento estaba ubicado en Catacocha, junto al humedal. Cometieron la torpeza de desecar la Gran Laguna, sin conocer el daño ecológico que infringían, el golpe a la ciencia de los paltas, a la ritualidad aborigen y al futuro de la ciudad. Lo hicieron por tres frentes: por la calle Paltas, por el drenaje original (al que profundizaron) y por la calle Domingo Celi  desde los patios del Convento, como aún es visible. Con todo, las Actas de Cabildo de 1861, aún señalaban que todavía había un trozo de Laguna, cuando le regalaron un pedazo de tierra al padre de Domingo Celi (este último tuvo el acierto de devolver el regalo años más tarde, para la construcción de la Escuela y Convento Domingo Celi). Posteriormente, la agresiva “urbanización” del Calvario, terminó con la recarga, al punto que, finalmente, se secaron todas las vertientes, viéndonos obligados a “traer” el agua de otras partes.

Con la construcción del Mercado, la cimentación cubrirá para siempre una parte de la Gran Laguna. Nos queda como obligación, mostrar en un Centro de Interpretación Turística que debe organizar el GAD, cómo funcionó en el pasado y mostrar la torpeza de los españoles que la desecaron y de quienes permitieron la urbanización del Calvario, como lección de lo que nunca debemos repetir. Por fortuna, ahora hemos entendido el papel de los humedales, estamos trabajando en su recuperación en la microcuenca de San Pedro Mártir, y aplicar ese antiguo conocimiento para enfrentar los problemas generados por el mal manejo. Este conocimiento, es tan sofisticado y tan actual, que ha llamado la atención al país y al mundo entero, por ser una respuesta eficaz para mitigar los problemas de agua generados por el calentamiento global: el Premio Verde recientemente otorgado a Paltas reconoce ese aporte y la posible declaración como sitio ejemplar de Manejo Ecohidrológico presentado ante la UNESCO, nos proyectará al mundo.

Galo Ramón Valarezo

Historiador

Septiembre, 2017

 

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